Cira Novara

EDUCACIÓN POPULAR

FOTOS  JUANA BARRETO - BARO BRIZUELA

TEXTO  BARO BRIZUELA

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Cira Novara es educadora y psicóloga. Lleva más de veinte años dedicándose a la educación primaria, secundaria y universitaria. Los caminos que ha recorrido le mostraron los resultados que pueden lograrse con el trabajo comunitario y la educación popular, dos tareas con las que se encuentra profundamente comprometida.

A Cira le ha tocado un papel protagonista en la creación de la Articulación de Ollas Populares Solidarias en marzo de 2020, apenas después de que el gobierno decretase la cuarentena social, y en consecuencia deviniera una fuerte crisis económica que golpeó de manera contundente a los sectores más vulnerables. Este trabajo le permitió conocer de primera mano la situación de los pobladores de los Bañados, sobre todo la de muchas mujeres, y la catapultó como una de las referentes de la lucha de esta articulación.

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“Para sostener las Ollas Populares no bastaba con la autogestión y la solidaridad ciudadana. Necesitábamos que el Estado cumpla con su responsabilidad y asista a las Ollas Populares”

La suspensión de las actividades laborales y escolares en todo el país, trajo consigo enormes complicaciones en el seno de las familias al momento de tener que satisfacer las necesidades de los niños, no solo las alimentarias sino también las referentes a su educación.

Muchas madres del bañado sur, en su gran mayoría trabajadoras informales, se encontraron repentinamente con la urgencia de tener que acompañar a sus hijos en las tareas escolares de una manera mucho más demandante, exigencia para la cual no estaban preparadas.

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En este pequeño e improvisado espacio recibieron a estudiantes de distintas edades y niveles escolares, muchos de los cuales no sabían leer ni escribir correctamente, a pesar de estar en edad para ello.

En el mes de abril de 2020, con las ayuda de otras voluntarias, Cira impulsó la creación de un espacio educativo en el patio de la casa de Kimberli Samaniego, otra referente de la articulación, para poder dar apoyo escolar a los niños del barrio. Comenzaron con unos pocos y fueron creciendo en número con el correr de los meses. En los días de invierno, se protegían del frío reuniéndose en la cocina de la casa, hasta que finalmente lograron acondicionar una pequeña habitación en el patio trasero de la vivienda, ubicada en el barrio Caacupemí del Bañado Sur. 

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"Nos dimos cuenta de que la mayoría de ellos no había desarrollado aun la lectoescritura, a pesar de que eran niños de tercer a noveno grado”.

A los pocos meses los resultados eran notables, prueba de que con muy poco se podía hacer bastante. Y prueba también de la incapacidad del Estado en brindar un plan integral de educación acorde a las circunstancias.

“Realizamos un trabajo personalizado, que atiende a los niños y niñas en sus sentimientos, en su integridad, porque trabajamos los afectos, la subjetividad, la autoestima y vamos construyendo un ser con características dignificadas”

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La pandemia de covid-19 ha vuelto a poner en evidencia viejas deudas del Estado paraguayo hacia el sector educativo, que ya lleva décadas lejos de la esfera de temas prioritarios de los gobiernos de turno, que han llevado a Paraguay a tener uno de los peores sistemas educativos del mundo, con la peor tasa de matriculación de Latinoamérica y un altísimo porcentaje de deserción escolar (6 de cada 10 niños).

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Es difícil comprender la problemática de la educación en Paraguay sin considerar factores como la corrupción o la ausencia de políticas adecuadas. Basta con observar el precario plan de contingencia del Ministerio de Educación durante la pandemia, que tuvo como uno de sus ejes principales el envío de tareas escolares vía whatsapp, lo que resultó cuando menos insuficiente para satisfacer las necesidades formativas de niños y adolescentes en etapa escolar.

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La experiencia de Cira en un contexto tan complejo como el de la pandemia nos deja profundas reflexiones. Y nos plantea el desafío de repensar el sistema educativo paraguayo para procurar que este no margine y condene a la mediocridad, sino que sea inclusivo y aspire a un estándar de calidad, que ofrezca a los niños y niñas la oportunidad de transformar la sociedad y  la posibilidad de sentirse parte de ella.